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viernes, junio 01, 2007

La pérdida de lo sentido









Perdí el sentido.


No fue un desmayo. Ni una caída. Nada de eso. Tampoco perdí el sentido. Perdí los sentidos. Fue solo unos momentos. Tal vez 3 años. ¿Cuánto es eso en una vida? Una infinitesimal porción. Durante ello no hubo sensaciones táctiles, ni sabores, sonidos, olores o imágenes. Aunque hubo todo. Nada. Totalmente despierto pero inerme esperando que esto pase en medio de un torbellino de ideas ninguna de ellas original. Hasta pensé que estaba en el Limbo, si es que aún existe.


Ya te digo, todo muy fugaz.


Pero aún estabas.








G. G.


Marbella, 17.04.007

(She is like a rainbow)










Nena,


es que ahora te oxidás


Antes pedías poesía,


también dijiste,


cosas bajo la lluvia


sexo, lecturas u otros caminos


Se acaba la poesía en las personas?


No leo las guías de usuario


pero te oxidás, nena,


despacio algo ocupa tu piel, tu humor



Algún árbol se desangra en el color de sus flores bajo las farolas


camino bajo la lluvia


canto una vieja canción de los Stones y


comienzo a pensar en otros mundos


mirándonos a los ojos perdimos algunas civilizaciones


nada como el primer día de nuestra vida, verdad?


esa sensación de tanto aire junto






G. G.


Estepona, 1.05.007

sábado, mayo 19, 2007

Pensando en algo así como que estabas ahí



Te planteaste gritar desde el otro lado del vidrio de la botella, justo frente a mi vaso donde miraba justo enfrente cuando un auto verde estaciona y le toca el paragolpes a aquel que estaba detrás suyo, y al delantero muy poco después. El hombre que lo conduce entonces baja y le enciende la alarma al caminar calle abajo mientras mira las ventanas de los edificios. Y el grito en la puerta de tu boca como detenido en algo así como el tiempo, pero ya en tus ojos ese gesto es patente, la apertura, digo, los ojos abiertos, muy abiertos y la boca no precisamente en todo su esplendor, y el grito dentro de ella, a la vista, forzando los pulmones, pugnando por salir. Y cierro apenas los ojos y me preparo a distender el tiempo para ti, no para el resto del mundo porque es inverosímil, un acto inocuo e inútil, un desgaste de energía, si la tuviera, en fin, y conduzco mis manos a los apoyabrazos de la silla con la intención clara de sorprenderme, porque es lo que hago cuando estas a punto de gritar, me sorprendo, pero con una soltura envidiable, con una previsibilidad indiscutible. Y ahí viene el sonido. Llega y el cuerpo responde al encanto como una sinopsis simultánea acompañada por el estallido de campanas, bocinas de buques y tambores africanos, y tu voz, a la que me refiero como un grito, que no es tal sino una tonta aseveración fluctuada por todo aquello que provocan circunstancias más allá de lo consciente, me susurra al oído como un campo verde de espigas atravesado por una corriente de aires cálidos que sí. Que sí.

Una maceta cayó desde un balcón de aquella colmena sobre un auto verde.

g. g.

14.05.007

Breve reseña de aconsejables pérdidas



Pues porque es así. Lo supe temprano el año anterior. Porque arriesgué y estuve con quien quise y cuanto quise. Porque encontré poco y perdí suficiente desde el punto de la rentabilidad. A lo perdido no le noto su ausencia. A lo vivido lo llevo en esta nueva muda de piel. Porque miro atrás y veo los campos, verdes, a punto de cosecharse y cosechados, bajo tantos cielos tanto como sus diferentes luces. Y porque conocí a Cata y tuve a Sofi y mucho. Y porque me quedó grabada su vocecita firme de discurso entre amigos invisibles que dice donde queda España, ese lugar que le marcará la niñez mirándome a mí y a la ventana a la vez, y seriamente afirmando que "arriba de esas nubes", y señala un cielito azul tapado por nubes conglomeradas, justo el día anterior a despedirme de ella vaya uno a saber por cuantos años más. Y claro que rememoro el final de un masaje en un 4º piso de Belgrano, como también las últimas noches de frío en los brazos de una despedida desesperada con unas de las historias de una cuenta cuentos de tango que más me marcó en el vientre caliente de una madrugada.

Entonces da igual perder todo lo que tenés en este mundo. Las mejores fotos del mejor principio, tus últimos libros editados, aquella primera gran novela inconclusa pero encauzada en un verano miramarense, la boda más loca prevista y todo aquel material, o todo aquello material, que indica que es buen momento para comenzar otra vez de cero.

g. g.

13.05.007

miércoles, abril 18, 2007

Nora





Nada niña. Que esta mañana he despertado con un pequeño diablo entre las manos. Y no es lo que piensas.

Veo por la ventana sobre mi cabeza el cielo gris. Es el mismo de ayer. Y me hace pensar en que gracias a un recuerdo grato las cosas al despertar se mueven a otra velocidad. Vieja fórmula, agradable el recuerdo provee de velocidad al humor. ¿Resultado? La primera mañana en años que despierto a escribir. Poéticamente estoy muerto, lo sé, pero (Anoche lo pensaba mientras cenábamos. Anoche pensaba en que se le muere la poesía a uno entre los dedos y como lo sufre el Pollo a la Cebolla, los océanos, los boletos capicúas, y tus hijos, perra!) es como un increíble pececillo de colores en la nave de un astronauta enloquecido por la grandilocuencia de su solitario abandono en lo laxo del espacio. Es que desperté y recordé una acción tonta y una reacción sublime. Llegamos de bares y fuiste a dormir. Dejaste encendida la luz del baño para que no me perdiese. Estaba en la cocina haciendo aquellas cosas que hago ausente, como mirar un vaso de agua sin ésta, hasta asimilarlo como tal, aunque generalmente no crea que sea un buen recipiente para el mar que bebiste durante el gesto de tus ojos. Y la luz me atrajo. Fiel mariposa noctámbula sabe de flores y moleculares sensibilidades. Me acosté junto a tu cama dejándola encendida. Bebimos gin-tonics esa noche, y más, y tengo presente la mirada de la mujer del escritor siguiéndome toda la noche, yo incapaz de jugar al ratón y al gato, o viceversa, con su pelo corto. ¿Te dije que no me gusta ver dormir a las personas? Aunque esto era levemente diferente. Luego saltaste, como un gesto de tus pulmones, y la apagaste.

Luego encallamos en los sueños, porque nada es como lo he contado, pero es el réquiem de toda historia.







G. G.


12.04.007 09.35 a. m.


viernes, marzo 30, 2007

¡Good save the AA!










Todos, absolutamente todos, aquí dentro de esta lata a Miramar, dirigen la pequeña corriente de aire acondicionado a sus cabezas. Afuera mínimo unos 39º. Creo. Sentado sin el menor movimiento se suda a mares. No se porque pero comí un par de empanadas hace un momento, sin hambre y creo que las acabo de sudar recién. Miro por la ventanilla y me sudo la ciudad. Por suerte huelo bien. De la cama que escapé había adosada una ducha. Aunque nadie ha dicho nada aún, como si eso importara, todo huele a sudor acondicionado.
Nunca va a estar fresco aquí, pero contaminamos bastante intentándolo.
No le digas a nadie, ¡Good save the AA!








G. G.
27.01.007

martes, marzo 27, 2007

Que rápido cura el miedo un beso.











Subí corriendo las escaleras de caracol con lustradas y brillantes barandas. ¿Corriendo? No, con apuro, urgencia. Seguro se había quedado con todo. Creo me dejé la cartera bajo el espejo, junto a una pileta, la del lado derecho! Ahora me acuerdo. Es que me quedé mirando como embobada si así estaba bien y cuando junté coraje bajé con Marcos. Y me la dejé ahí. Me acuerdo que entró una chica. Pero no su cara ni nada, solo sé que había alguien más, y era mujer, claro, pues Marcos jamás se animaría a entrar a un baño público conmigo. Siempre lo deseé, hacerlo en un baño público. No entiendo a los hombres. Constantemente lo mismo, las mismas posiciones. Apenas alguna vez en un lugar diferente al sommier. ¿En la cocina?, me preguntó no me acuerdo quien. Abro la puerta del baño. Y veo la cartera desde la misma puerta. Y respiro un poco aliviada. Esa cartera vale mucho. Dolce & Gabanna. Adentro las cosas desordenadas. ¡La abrió! Pero no falta nada, ni el dinero. Ah, un chicle, eso. Otra vez me miro al espejo. No puedo ser tan tonta. Y me miro las tetas. No están mal. Quizás el año que viene… Vuelvo a meter todo. La libreta está abierta y tiene un número anotado. 01115618343442. Nunca escribí ese número, ni me lo anotaron. Ni nunca usé la agenda. Me miro al espejo. El pelo no se que tiene pero me cae mal, algo a la derecha. ¿Y si llamo? No recuerdo como era ella. Pero pienso cortar con Marcos después de esta noche. Después de la fiesta de esta noche. Solo hablar de sus proyectos con papá. Y esa cosa horrible en su espalda. Basta de Marcos. No me imagino un día más con él. Yo llamo. Me da igual. Hola. Hola, ¿Bárbara? Si, gracias por dejarla. Te comí un chicle, gracias por eso. Bueno, no sé… ¿Mañana? No sé quien sos. Asomate al borde de la escalera y te estaré mirando, estoy con mi próximo ex. No sé… No te preocupes, solo tomamos algo en Bianco & Rosso, cerca de las 7, ¿si? Me miro al espejo y corto. No recuerdo que contesté. Mi reflejo no me deja pensar. 26 años, Bárbara, ya deberías haber probado algo más, ¿no? Guardo el número, me arreglo el pelo y salgo. Una adolescente rubia me observa bajar las escaleras y la miro. ¡Es muy linda!




G. G.


24.03.007


(práctica-continuación sobre cuento breve publicado en la puta Ñ)

viernes, marzo 23, 2007

Jamás entenderé nada







Me levanto rápido


y la visión se oscurece.


La puerta donde estaba sentado


ahora esta bañada por la luz de esa cremosa vía láctea.


Cierro.


Dejo afuera los mosquitos que quedan


y voy por una cerveza,


evitando pisar los gatitos camino a la heladera


que juegan conmigo a toda hora


cuando no duermen.


Ayer jugué unos minutos con ellos,


me aburrí, ya no estoy para juegos.

Y fui por un libro


para seguir aburriéndome.


Aquí, en Pinocho el tiempo corre distinto.


Lo sé.


Me lo dijiste


cuando cenábamos Centollas


(o antes o después).


También recuerdo contabas,


una de las noches que no querías dormir sola,


lo de aquel martes trece en que a él lo mataron a tiros


por robar,


por sabor a robar.


Un bardo, dijiste.


Y yo era un bardo,


y no me morí, acá estoy.


¿Ahora donde estás?


Mejor intentaré cenar algo


y tal vez comprenda


porque los gatos se divierten conmigo





G. G.


21.03.007

martes, marzo 06, 2007

there she go my beutyful World



dame una señal

de que todo acabó

miro el retrovisor

las líneas de rutas esfumándose

el color sin nombre del cielo

there she go my beutyful World

grandes aves blancas llenan de estallidos lo que ves

acaso importa manejarse a ciegas

corrompiendo el control

no es por nada la sutil elección de soledad

G. G.

24.02.006

lunes, marzo 05, 2007

Aguafuertes dijo.








Pensaba, ¿Aguafuertes? ¿Por qué no? Tal vez. No se quien lo dijo.

…escribís Aguafuertes. Como Arlt…
Sé que no estuvo muy errado.
A las 6 de la mañana lavo ropas en casa preparando otra vez los bolsos. Transcribo esto y busco el primer Camel (Pienso en una encuesta ahora, ¿Qué es lo que más usa de su hogar? Los ceniceros y las ventanas). Brian Eno sintetiza algo bastante bueno esta mañana. Música aérea (Buena palabra aérea, casi capicúa). También transcribo algo de Laurence Durrell que me ronda no se qué cabeza.
…"estaba aprendiendo las dos lecciones más importantes de la vida. Hacer sinceramente el amor. Y reflexionar."
Preparo una ducha para dentro de unos momentos. Luego iré a recorrer el bosque. Necesito ese aire urgente.
En fin, quedó un bonito Aguafuerte, ¿verdad?





G. G.
Febrero 2007.

viernes, febrero 16, 2007







párpados de pez
el intento de verticalidad en las olas
la sombra de la espuma
el momento universal del silencio
y el color del viento
esta tarde en Miramar





g. g.
13.02.007

miércoles, febrero 14, 2007

martes, febrero 06, 2007

Ésto (escuchando Nick Cave)


labios de apoyo






un labio en que apoyarme
o como se diga

en la oscuridad
ese silencio

gozo el eco (?)

miro matafuegos junto a las ventanas

las fotos que observo observan
instantes arrebatados

esa culpa pesa
igual que reflotar cuestiones
sin equipo de seguridad

necesito un labio en que apoyarme
una vez me quite la escafandra






g. g.
1.02.007

domingo, enero 21, 2007






Niños hablando como Shakeaspeare con sus amigos invisibles/


en las rocas húmedas de sal de enero/


busco un hueco donde las olas no estallen/


y pequeños lagartos hacen lugar/


una base tranquila para atracar mi corsario/


y ver costas dominadas por tesoros de minúsculos cofres/


la pequeña nube piloto anticipa tormenta/


pero el ojo del huracán dejé en otro continente/


a 100 pasos de la marea alta/


bajo el bastión de un banco árabe/


durante una noche de octubre/


ojos del celeste del ojo del huracán más celeste/


dominado por azar/


perdido en ley/


las palabras sirven ante un mineral arcano?/


encontré su botella lanzada al mar/


años hacen de tu partida/


deberías conocer tu hijo/


jamás mascaron alguno de proa/


igualará su belleza y fuerza/


i how much to do/


on this lonely island/


but the winds have a salt/


& the ground is impossible to work/


you leave me some October day/


los niños hablan con sus amigos imaginarios/


palabras elegidas/


que aún desconocen/


y alguien jamás enseñó.



g. g.


17.01.006

jueves, enero 18, 2007

Suertes en juegos














Fue el día que la mujer murió jugando en el casino.




Desperté pensando eran las 12 del mediodía y miré el reloj. Todas las agujas indicaban las 12:00:00. Que loco pensé. Y me levanté.




Más tarde me di cuenta que no tenía fuego. La noche anterior rompí el encendedor que tenía y compré uno antes de comer algo por ahí.




Por la tarde eché una siesta y desperté pensando que eran las 4: 44. Y lo eran cuando miré el reloj. Es demasiado, pensé.




Un pájaro golpea el pico en el cristal de la ventana y se va.




Por la noche en un cyber alguien dijo que una mujer murió jugando en el Casino.




Más tarde, en el trabajo, encontré dos encendedores y al salir una chiquilla me esperó para ir por una copa.




Ella derramó unas lágrimas cuando lo hicimos. Sos tan dulce, me dijo. Y se fue.




En la lotería no salió nada de lo que aposté.






















g. g.




15.01.006

miércoles, enero 10, 2007

Mar del Sud









Un perro negro al otro lado de la plazoleta entra a una casa de panqueques, y ladra por uno. Además no tiene una pata.


Un hombre en el café a mi lado ríe y le dice a la niña:


- ¿Porqué llorás?


- No te rías. ¡No! ¡Basta!





Alguien, también cerca, lee en voz alta, lenta y pausada, y en inglés, algo sobre Dios. Lee a alguien que mira el cielo y las nubes esperanzada.





-Jejejeje. Bueno. ¿Qué hicieron hoy?


-Caminamos en la playa, como todos los días. Y entramos al Hotel.


-¿Vieron fantasmas?


-¡Tonto! ¡No lloro por fantasmas!





El perro negro se acerca cruzando la calle. Alguien golpea y clava en un techo, muy fuerte, y muy cerca. Alguien pasa y pregunta a otro si tiene gatos siameses o gatos comunes.


El licuado de durazno se calienta al sol.





-¡Nunca vas a ser mi papá!


La niña sube a la bicicleta y se va. Llora.


-¡Chau Llorona!


Baja la vista al Clarín.


El perro negro se rasca bajo una mesa, también peligrosamente cerca.









g. g.


28.12.006


domingo, diciembre 31, 2006

Making some gods



haciendo algunos dioses

a domicilio

en balnearios olvidados

en hoteles fantasmas

donde algunos

aún esperan

o esperan inventar

donde ni las nubes

ni los vientos

se detienen a pensarlo

g. g.

28.12.006

jueves, diciembre 14, 2006

Silbar entre Caníbales



Puedo silbar entre caníbales.

Simplemente la roca que detiene el río.

No puedo saber donde elegir morir mis manos

cuando el colectivo recorre un lago de infantil profundidad

Los reflejos de un cuerpo acostado

y una boca besándole el sueño/ensueños

Multiplicación de correcciones acomodaticias

El piso es un observador indulgente

preparó el perdón de las aguas y al cielo

El Sol no cuenta


Algo mira inobservado su bolso marrón

Hace señas furtivas/Sus hijos nacerán rubios

Lloverá el día que nazcan/Sin miedo en sus ojos

No perdones lo que desconocido sobrevive

Acorralamiento,

ingenuo se mueve junto al resto

Los ojos de las victimas

distendidas en el patio del matadero juegan

se alimentan y duermen la última noche

cuando el mercado de Liniers les fije la hora


Mientras camino lo que no caminé el último año

en Buenos Aires me pierdo,

me dejo llevar, me introduzco en sus cavernas

Poco ha cambiado

A veces poco cambian las plantas

algunos días florecen

Ha sido un día florecido


Mil círculos anecoicos en el piso

bañados de fluorescente blanca luz

presionados por millones por toneladas

de pies en tránsito, en tránsito

No debes mantener la vista en nada más que por segundos

Necesario estar alerta?

La plaga fue dominada

El miedo triunfa incógnito

Los boletos abandonados habrán definido algún destino hoy

Difícil ocultar la familiaridad

entre el pesado cargo del subconsciente colectivo

y la in apropiación voluntaria

deberías conceder la duda,

antes mejor influenciarla,

mejor aún, dudarla


Hay hoy, ahora, una maquina cerebral de escribir

subcutánea. Irrefrenable. El tipo era así

Sólo escribía en subterráneos en tránsito

Alguna vez lo hizo en trenes, en su casa,

en bares y transportes

Antes descubrió la línea "D"

Y no paró

hace tres recorridos ida y vuelta

a diario

o hasta que acaba papel o tinta

g. g.

17.11.006

miércoles, diciembre 06, 2006

Aquello de moverse

Un panorama extremo. Las piernas sangran de pensarlo. La carne considera sus posibilidades y se balancea entre los puntos estables de quiebre. Algunos afinados aciertos proclaman valentía o cobardía. Justo ahora regreso entre un congreso de empresarios dignos del dinero que sueñan o del que hablan. Solo en viajar pienso ahora. Y amontono cosas a abandonar. Algunos miran de reojo como dejo a un lado año y medio de vida en una reducida caja de zapatos.

g. g.

15.11.006

miércoles, noviembre 29, 2006

Fluorescente y Margarita. ( in Titus House)

Un apagón



Ayer hubo un apagón. Justo a la hora en que el sol caía. Y la ciudad quedó envuelta en caos.
Me gustan los cortes de luz. Sientes a las personas llenas de estática, como realmente son. Jeje, parecemos hormigas que nos rozamos en la oscuridad buscando azúcares y grasas.
Algunos gritan y otros cantan desde las torres oscurecidas.
Imagino a alguien en un ascensor, desesperado.
Los autos enloquecidos. El carro tirado por un caballo de un cartonero fue un contraste perfecto.

Aún pienso en la persona encerrada en el ascensor, y eso hay noches que no me deja dormir.

g. g.
27.11.006